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MI SINIESTRA REALIDAD

Una de cada diez personas come, escribe, dibuja y abre la puerta con la mano izquierda. Yo pertenezco a esa oprimida y silenciosa minoría zurda, por la que ningún político levanta discursos, ni asociación alguna protesta por sus derechos, a diferencia de otras minorías mejor rankeadas como los inmigrantes, los gays o los comunistas (que son izquierdistas de otro tipo).

Ser zurdo es mucho más que usar la mano cambiada. Ser zurdo es también soportar la discriminación taimada de los diestros en miles de infinitos detalles: fíjese por ejemplo dónde está el mouse de su computador… Los derechos se llaman a si mismos “diestros” como si usar la izquierda (que para colmo sería la Siniestra), fuera cosa de mutantes. Detenerme a reclamar por las injusticias del lenguaje sería tan largo como aburrido, así que haré un pequeñisimo resumen para que vean que no es joda:

  • Los DERECHOS humanos
  • En la vida hay que ser DERECHO
  • Sentado A LA DERECHA del Señor
  • Ese tipo es muy DIESTRO con el balón

Para compensar, podríamos decir que LA DERECHA siempre pierde las elecciones, pero eso no es suficiente para un talibán de la Zurdez como el suscrito; y eso que en lo personal no soy un zurdo puro, porque mi pierna hábil (digamos, la menos torpe) en el fútbol, es la derecha.

En el colegio, desde chiquito me sentaron en el mismo banco para evitar chocar mi poderoso codo izquierdo con el derechito que me sentaran al lado. En los gallitos (actividad vital para afianzar la hombría a los seis años), siempre tenía que pedir la revancha con la mano izquierda, porque se ve que mi bíceps derecho era pasto fácil para 9 de cada diez compañeritos de clase.

Además, la tía nos enseñó a reconocer la izquierda y la derecha con la típica frase “levanten la mano con que escriben” y ahí quedaba la cagada. Qué poca visión de esa mujer, que también se enojó cuando, imitando a Da Vinci, me puse a escribir al revés (de derecha a izquierda, se entiende). Pucha, ojalá hubieran visto qué linda letra que me salía, en lugar de esos garabatos informes que me salen hasta el día de hoy cuando escribo según la norma diestra, y esparciendo con el puño lo que acabo de escribir.

En mi casa también me sentaban casi colgando de la mesa, para no estorbar a mi diestra familia. Mi mamá hasta hoy se ufana de ser ambidiestra, sin saber que en el silencio de nuestra Cofradía Zurda, los ambidiestros despiertan nuestro odio y envidia más oscuros, por esa capacidad que tienen de gozar lo mejor de ambos mundos.

Porque ser zurdo tiene lo suyo, digamosló. Ya el hecho de sentirse “especial” es un plus, y era bien visto cuando no existían los Niños Índigo y ninguna de esas patrañas new age. O sea, si comparamos con lo que le pasaba a los pobres zurditos medievales, que les amarraban la mano para que reprimieran su zurdez, podemos decir que la sacamos barata. Sigamos viendo ejemplos de “qué rico es ser zurdo”:

Ping Pong- Tenis: No hay caso, a los diestros se les desarma el naipe cuando juegan con un zurdo… de hecho, a un zurdo se le complica el asunto cuando enfrenta a un compañero de filas, me ha pasado.

Futbol: Maradona. No… léame bien: MARADONA jugaba con la zurdita. Es como decir que Hendrix tocaba con la izquierda… que también.

Conducción: Leí por ahí que Ayrton Senna, gran campeón de Fórmula Uno, decía que ser zurdo era el secreto de su éxito, porque podía tomar firmemente el volante con la poderosa mano izquierda, y dejar la derecha para funciones más ñoñas como pasar los cambios. Habrá que ver, porque hasta ahora lo único que manejo es mi bicicleta nueva con resorte para el culo y todo, pero eso es otra historia.

Estos datos me sirven de consuelo cada vez que recuerdo todas las guitarras, tijeras, sacacorchos, abrelatas, pupitres universitarios, y demás torturas que he tenido que padecer. Desde aquí le mando un abrazo fuerte a todos mis compañeros de sufrimiento, en especial a Panchito, Vittorio y Alex Zappa, que son los zurdos que reconozco entre los lectores de este blost, a los que les dedico estas líneas: Zurdos del Mundo, uníos !

Nos vemos,

Malaquías. 

marzo 18, 2007 at 12:59 am 27 comentarios

SÍ SOY YO CUANDO ME ENOJO

Lunes a eso de las 19:30, horario peak del metro: Malaquías atrapado en un vagón, tras un día de trabajo, 2 horas en el dentista y un presupuesto de 506 mil pesos por sepetecientas picaduras, y una muela a medio morir. el vagón lleno hasta el tope y una señora de unos 50 años instala su abundante (y hedionda) maraña de pelo en medio de mi cara.

– “Disculpe, señora” dije cortés.

– ….

– “Disculpe, SEÑORA”

– (la señora se da vuelta y me cepilla con su moño): ¿qué quiere?

– “Me molesta su pelo”

– “Y QUÉ QUERÍS? QUE ME CORTE LA CABEZA?”

– (risas del resto de pasajeros, y silencio perpetuo mío)

Luego se me ocurrió la respuesta perfecta: “PODRÍA PARTIR POR LAVÁRSELA VIEJA E MIERDA, O NO  LE BASTA CON LA CARA DE CULO ?” Claro, a esas alturas ya estaba muy lejos del metro, sentado en mi pieza masticando esta nueva derrota verbal, la última de una larga lista de contiendas que me tuvieron como permanente perdedor. Y eso es simplemente porque Sí soy yo cuando me enojo.

A diferencia del doctor David Banner (o algo así) yo no me transformo en un ser violento ante la pelea, de hecho, les temo y las rehúyo, alojando la rabia contenida en el bajo vientre, y ahogándola luego en cerveza o quemándola a cigarrazos. Nunca he sido bueno pa las peleas (las verbales, porque aunque de las físicas no he tenido muchas, voy invicto, ejem…) y siempre que he tenido que discutir, rebatir, disentir, contrariar, decir que no, confrontar o discrepar de alguien, me tupo, me trabo, tartamudeo, me le bloquea el cráneo, etc.

Soy de esos que cuando discute, o trata, piensa largo rato lo que debe decir mirando el vacío, y la contraparte SIEMPRE interrumpe mi meditación con algo así como “PERO MÍRAME” o “NO TE QUEDES CALLADO COMO HUEÓN” Y claro, como soy en realidad, medio huevón, lento de pensamiento, me dejan más trabado y confundido.

Una de mis mejores amigas tiene un talento imbatible: puede estar completamente equivocada, de hecho, debería tirarse al suelo suplicando mi perdón y mi piedad, pero en lugar de eso habla de corrido mirándome a los ojos toda seria y absolutamente convencida de la descarada mentira que me está escupiendo… pero sigue así, impertérrita, y yo comienzo a boquear un “pe-pe-pero….”

– PERO QUÉ?

– ….

– “No, nada…”

 Yo, que por lo común soy bastante hiladito de ideas, al momento de discutir con alguien me reseteo y quedo siempre como un perfecto imbécil. Como imaginarán, esto es especialmente duro en el ítem “peleas de pareja”, donde termino agachando la cabeza y reconociendo mi error (a esto se suma que a menudo es objetivamente mi culpa), la cuestión es que ni con amigas, ni con la andante/polola/pareja, ni con mi hermana (con mi mamá me da penita pelear – in your face, Penélope y demases odia-mamones) ni mucho menos con mis jefes me logro parar en las hilachas. Una vez mi jefa me retó justamente por no saber discutir, por no saber decir lo que pienso y quedarme en mute, la muy viva. Evidentemente, esa vez también me quedé callado.

¿Notaron algo? Sí, siempre son mujeres, excepto cuando se trata de jefes, donde la cosa trasciende los géneros. El defecto me ha costado dignidad, dolores de guata, pucheros, penales en contra, prolongadas disculpas, rupturas, un par de mal contenidos lloriqueos y un despido injusto. Lo peor es que a las horas se me ocurre la respuesta perfecta, el argumento irrefutable, el gesto firme y seguro, que en el momento me faltó. Y ahí me quedo pensando en si debo llamar para seguir la pelea, o acepto mi derrota e igual tomo el teléfono para ofrecer disculpas y tirar tallas, para humorizar el ambiente.

Con los hombres, por otro lado, me cuesta menos, pero ahí me asalta otro problema: me pongo chillón, la voz me sale como de una vieja histérica, y modulo como si tuviera una oveja entera metida en la boca. Así que, aunque lleve en mis manos la antorcha de la verdad y la razón, por lo general quedo en ridículo, con mi contendor medio cagado de la risa, y de ahí a los aletazos, cuando no son amigos, hay sólo un paso.

Afortunadamente, el Síndrome de la Mudez ante el Roce Interpersonal (WETA, por sus siglas en inglés) no me asalta tan seguido, en especial porque soy de lo más dijecito que hay, y rara vez me meto en pleitos, porque ya dije, los rehúyo. Pero (Alá no lo quiera) si alguna vez nos enfrascamos usted y yo en una violenta y unilateral discusión, hágame un favor y deje el celular abierto, por si algo se me ocurre luego. Muchas gracias.

 Nos vemos,

M.

 PD: La foto es por lo del dentista, no por lo iracundo.

febrero 7, 2007 at 1:52 am 29 comentarios

EL KARMA

-“Deberías seguir adelante”

-“No todos sanamos tan rápido como tú, Logan”

(Tomado de X Men III)

El principio del Karma es, básicamente, que todo lo bueno y lo malo que se hace en la vida, en algún momento te pasa la cuenta. Por estos días yo me siento así: que todos lo errores, las chuecuras, egoísmos, y derechamente las huevadas que he cometido y en las que he dañado a otros, me están pasando la cuenta y me aporrean desde que abro los ojos hasta que me acuesto.

Hoy, que terminan mis vacaciones y me vuelvo a Santiago, quería hablarles de muchas otras cosas, contarles de momentos felices y lugares increíbles que conocí la semana pasada, pero la verdad es que no me da el cuero, no me nace hablarles de alegrías, si ahora todo lo que veo es incertidumbre y tristeza.

Y si me siento triste, tengo el derecho a contarlo en este blog, por más que igual no pueda darles más detalles de esta pena negra que me tiene aquí, tecleando entre cigarrillos y cubatas a las 3 de la tarde de un domingo cualquiera. Lo de los detalles lo dejaré pa las conversaciones a la antigua, cara a cara, con esos amigos que siempre se cuadran con mi corazón errático y con mi mente confusa.

El mal karma vino para quedarse, y me lo bancaré como siempre he tenido que hacerlo. De momento he decidido dar la cara y pelear por aquello que considero injusto, reconociendo mis errores, pero demostrando que por encima de ellos está toda mi voluntad de ser feliz y una mejor persona. Que si bien en otro tiempo fui hipócrita y egoísta, ahora pretendo ser distinto, y merecer el amor, y que crean en el mío.

Por lo menos, esta tristeza me hace sentir vivo, yo sé que para muchos es un consuelo pobre, pero si se vistieran con mi ropa, entenderían que pa mi, un pelmazo en lo de las emociones,  es casi un alivio saber que no todo está perdido.

Bueno, recuperar confianzas quebradas y enmendar el daño cometido son mis prioridades por estos días, por encima del laburo, por encima de la U, por encima de cualquier otra cosa, incluso de este blog. Así que si por un buen tiempo no me ven por estos lares, sepan disculpar, pero es sólo porque estoy enchulándome la vida, tal como me propuse a fines del año pasado.

Estoy cansado de cometer errores y creo que sé cómo reinventarme. Ya se viene Malaquías 3.0, revisado y corregido, pero pa eso tengo que darme tiempo y espacio. No sé en qué desemboque todo esto que comienza ahora, pero tengo esperanzas en que sea mucho mejor que este vaso amargo que me estoy bebiendo. Y cuando eso ocurra, mis queridos fisgones, serán los primeros en saberlo.

Un abrazo estrecho.

 Malaquías.

 PD: Espero que más temprano que tarde pueda contarles sobre mi destino veraniego, uno de los lugares más hermosos que he conocido en la Angosta Faja.

Nos vemos.

enero 21, 2007 at 7:58 pm 19 comentarios

POR UN PERRO QUE MATÉ, MATAPERROS ME PUSIERON

Mi nombre es Malaquías Valderrama y soy un diestro perricida, aunque en mi prontuario figuran también innumerables hormigas escaldadas en esperma de vela (quedan como fósiles instantáneos, totalmente recomendable para menores de 11 años) e infinidad de pulgas, moscas, arañas y otros habitantes parásitos del hogar. En mis infantiles andanzas por el campo de mi abuelo, agregué entre mis víctimas una cuncuna, condenada a muerte por lupa, varios bichos del tipo chanchito e incluso una culebrita que me valió el reto de mi abuelo que las amaba. El viejo gozaba pisando caracoles, pero a las bichas esas las adoraba vaya uno a saber por qué.

 Traté de enmendarme salvando pichuelos caídos de un nido y una vez metí una jaiba en la tina llena de agua con sal, para replicar su hábitat natural. Ambos esfuerzos fueron en vano, y significaron el primero la firme convicción maternal de que sería doctor, y el segundo la firme convicción paternal de que su benjamín era un bruto sin remedio. Así, convencido de que lo mío era quitar vidas y no salvarlas, me dediqué en secreto (incluso sin que yo mismo me diera cuenta) a la sistemática matanza de un total de dos perros en 30 años de carrera criminal. Ahora que los delitos prescribieron, puedo contarles estas espeluznantes historias, sin temor a represalias, al menos por parte de la ley.

 tumba perro

Verano de 1991, 14 años recién cumplidos: estrenaba bicicleta y decidí probarla bajando la empinada pendiente de mi cerro allá en el remoto Valparaíso, la Joya del Pacífico. La bicicleta respondió bien y aceleré a lo que daban mis piernas, sin pensar mucho en los colectivos que subían en dirección opuesta. De repente, la velocidad me empezó a urgir y traté de frenar, descubriendo casi al instante que el aparato tenía los frenos sueltos. evité chocar en un par de curvas, hasta que una especialmente cerrada me tiró contra una malla de estas tipo gallinero, detrás de la cual dormía un perro negro y chico. Por ese entonces, mi masa no pasaba los 68 kilos, pero el momentum del impacto provocó que rompiera la malla de alambre y aterrizara con toda mi humanidad sobre el perro que dormía plácidamente en el pavimento. Su cuerpo amortiguó la caída, por lo que recuerdo al perrito como un héroe al estilo Lassie, pero con menos estirpe y más pulgas. No sé si lo mató el golpe o el susto de ver un tipo volando a unos 40 kmh sobre él. Espero que no le doliera, es todo.

 Verano del 2005, 28 años recién cumplidos: estrenaba auto y decidí probarlo dando una vuelta a la manzana en Santiago. Mis escasos conocimientos al volante eran insuficientes para pilotear a Dimitri, un Lada Niva de 2 toneladas del mejor acero de Siberia, completamente mecánico y que viajó miles de kilómetros a través del desierto para llegar a mis poderosos pero lerdos brazos. En un lomo de toro, que no alcancé a divisar, salté medio metro sobre el pavimento y aterricé sobre un perro, supongo, por el quejido y los gritos infantiles. Cobarde prudente como soy, opté por lo más humano del momento y aceleré a fondo sin mirar atrás. No sé si este perricidio fue logrado o el perro corrió mejor suerte, pero por las dudas, a las pocas semanas vendí el auto y ahora me conformo con caminar y correr de vez en cuando.

Bueno, esa es mi dramática historia. Siento un enorme alivio al compartir mi oscuro pasado, espero sepais comprenderme y perdonarme. Y claro, no me presenten a sus perros, que no respondo de mis actos.

 Nos vemos,

 M.

diciembre 27, 2006 at 5:00 am 7 comentarios

EL DÍA BIPOLAR

2:30 AM Suena el teléfono. Me levanto rápido para que no despierten a nadie más en la casa. Cortan. Me llevo el teléfono a la pieza.

2:35 AM Duermo como una guagua recién alimentada y botada de chanchitos. Diez minutos después, suena el teléfono de nuevo. Me levanto rápido y digo “ALO” con voz de sonámbulo enojado. Alguien como que la piensa y… corta de nuevo.

2:47 AM Termino de putear al telefonista anónimo. Me quedo un rato pensando quién pudo ser, tengo mis sospechas. Decido aguantar hasta las tres sentado al lado del teléfono, por si suena de nuevo. Al final son las 3 y media y no me puedo quedar dormido. Retomo las puteadas.

6:30 AM Despierto pensando que me quedé dormido para el trabajo. Un rápido vistazo al reloj me saca de mi error. Intento seguir durmiendo, para ya estuvo, no hay caso. Me levanto a prender el cálefont. El piloto no enciende jamás. Aparece mi señora madre con una olla de agua hirviendo.

7:00 AM Parado pilucho y tiritando dentro de la tina, con una cubeta de agua caliente, me dispongo a la ignominia de bañarme por partes, como si fuera 1890.  Mi orgullo puede más y abro la llave de la ducha, el agua helada me termina de despertar, mientras las partes pudendas se recogen de manera alarmante.

7:15 AM-7:45 AM Termino mi ducha con un baldazo de agua tibia, para detener los espasmos involuntarios y el castañeo de dientes. Me visto, como que medio me trago un desayuno y salgo corriendo cerro abajo para agarrar un bus a Santiago. El cielo amenaza con lloverse en Valpo.

8:00 AM Sentado en el bus, con el pan con palta rebotándome en el gaznate, con un sudor frío en la espalda, con el pelo mojado aún por la ducha, con un viejo de mierd señor de edad roncándome al lado, llego a la conclusión que ésta es por lejos la peor mañana en meses. A la altura de Placilla, tal vez antes, me quedo irreversiblemente dormido.

10:00 AM Al fin llego a la oficina, alcanzo a dejar mis cosas y parto corriendo a la radio a hacer mi clásica entrevista de los lunes, que escucha el radiocontrolador y la familia del invitado de turno. Salgo airoso y así comienza la parte buena de la mañana.

11:00 AM Me voy caminando a la casa, decidido a hacer la cimarra laboral. Me afeito tarareando música. Pongo a cargar mi celular y me tiro un rato en pleno silencio matutino y en oscuridad artificial (con un cojín en la cara). A eso de las 12:00 me levanto, me mojo la cara, y parto silbando al trabajo, a buscar mi mochila para ir al gimnasio.

13:00 PM Parto al gimnasio, una hora de sudar como caballo me ayuda a botar toxinas, grasa y mal humor.

14:00 PM Segunda ducha del día, esta vez con agüita caliente. Me visto campante y parto con el pelo estilando, cual futbolista, a disfrutar la cálida tarde santiaguina, almuerzo lechuguita con atún, cual modelo que pololea con un futbolista.

15:30 PM Empiezo a escribir estas líneas, lo que demuestra que el día no hace más que mejorar. Espero que el ya tradicional carrete de día lunes esté a la altura de las versiones anteriores, pero de eso les cuento mañana.

Un abrazo, nos vemos.

noviembre 20, 2006 at 7:50 pm 8 comentarios

GOOGLE, YO Y MI OTRO YO

Habitualmente mis esfuerzos por sacar la vuelta tienen un propósito elevado y distinto a la vulgar flojera. A veces está el partido de fútbol, una amena plática por MSN , o el hallazgo de un blog que merece ser leído. Como entenderán, todos esos menesteres son ineludibles y tienen prioridad por sobre otras actividades tan mundanas como este trabajo que me da techo, comida y abrigo, cosas bastante mundanas también.
 

Pero el otro día, el agotamiento propio de esta altura del año, y la inminencia de un fin de semana largo y agitado, francamente me hicieron claudicar de mis esfuerzos laborales y me dediqué al ocio extremo, sin imaginar la potente revelación a la que esa pereza me conduciría.

Todo comenzó como un juego: metí mi nombre a Google entre comillas, para ver en qué andaban los otros yoes de este mundo. Y tate, que me encontré que mi identidad nominal no es única, sino compartida por varios otros Diegos Valderramas around the world.

Por ejemplo, hay un tocayo que es doctor en economía y trabaja en la Universidad de Duke, Estados Unidos. Si mal no recuerdo, este tipo es hijo de un portoriqueño y una peruana (o al revés) y nació en Nueva York. Sé todo esto porque YA LO HABÍA CONOCIDO ANTES. Sí, una vez estando en la Universidad le mandé un correo sólo para compartir mi frustración por no ser el único con mi nombre, y qué mejor que compartirlo con él, que sufría el mismo problema. La cuestión es que él me respondió de vuelta, y me contó parte de su vida. Resultó ser bastante simpático el Diego Valderrama ese.

La novedad es que ahora aparecieron varios OTROS:

Por ejemplo, tenemos a Diego Valderrama, el político. Este es regidor (algo así como concejal) de Acapulco. El tipo es doctor (no sé si de los médicos o si simplemente le dicen así a todo el mundo allá en México) y siente una profunda inclinación por la ecología y el medioambiente.

Diego Valderrama, el carpintero. Este es colombiano, y ofrece sus servicios en España. Tiene 40 años y lleva 20 en el rubro. Dice tener sus papeles en regla y estar en condiciones de costearse el viaje a la península.

El científico. trabaja en una organización medioambiental gringa dedicada a la protección y recuperación de la fauna marina. Con éste si que flipee porque es un trabajo muy parecido al que yo hago. Claro que él está en el depto de ciencias (es biólogo marino) y yo aporto desde comunicaciones… bueno, cuando trabajo.

La lista es más larga, pero como de seguro soy el único interesado en conocerla, la dejaré hasta aquí. Lo que vale la pena rescatar es 1) el grado de ociosidad al que puede llegar el ser humano y 2) las profundas consecuencias de mi hallazgo. Me dan ganas, por ejemplo, de realizar una convención anual de Diegos Valderramas donde compartamos nuestros logros y tratemos de ayudarnos en lo que podamos. O de crear la Beca Diego Valderrama, sólo para niños que lleven ese nombre, y que por supuesto, no estén emparentados con ninguno de los miembros de la Fundación.

Lo otro que fue más o menos inevitable fueron las comparaciones. ¿En qué están los otros Diegos Valderramas? ¿Habrá alguno que se parezca a mi físicamente? ¿seremos todos igual de ociosos? etc.

De momento, he decidido ubicarlos y mandarles un correo a pito de nada, y simplemente me despediré con un “atentamente le saluda, Diego Valderrama” si acusan recibo del golpe a su individualidad, me daré por pagado. Mientras tanto, comenzaré a enchular mi versión de Diego Valderrama: adelgazar, tratamiento dental, gimnasio, postgrados, etc. No vaya a ser cosa que la idea de la convención anual prenda y tenga que exponer acerca de qué he hecho con mi (nuestro) nombre.

Saludos,

M.

septiembre 20, 2006 at 10:44 pm 18 comentarios

TEMAS PENDIENTES

Por primera vez hoy me comí un sandwich de fricandela en la Fuente Alemana de Santiago. Claro, la expectación no era mucha porque nunca había oído hablar del famoso emparedado, pero según me enteré después es una de las cosas que se deben degustar antes de abandonar este mundo. A partir de ahí me puse a pensar en todas esas cosas que me gustaría hacer antes de que las valkirias me vengan a buscar y mis deudos quemen un barco vikingo con mi escandinavo cuerpo adentro.
 

Cosas prácticamente imposibles:

Sostener un tórrido romance con Rita Hayworth, pero en sus mejores años.
Ver jugar a Pelé, a ver si es cierto lo que dicen.
Rescatar a Leonor de una trampa tipo Indiana Jones.
Batirme a duelo con espadas, pero de las medievales, no con esos floretes mamones de los tres mosqueteros.
Desquiciarme en un mall, premunido de un bate de beisbol, justo cuando estoy frente a la vitrina de cristalería.
Liderar un movimiento anarquista violento que se tome la justicia por las propias manos, y les robe a los ricos para darle a los pobres. Aparecer en videos a cara descubierta anunciando nuestro próximo golpe.
Como esto da para mucho, mejor pasemos a las

Cosas improbables:

Encontrarme en un ascensor con Pampita
Que se desmaye el piloto del avión, y tenga que seguir las instrucciones desde la torre de control para aterrizarlo.
Frustrar un asalto en un banco.
Participar en una pelea de bar masiva, con todos mis amigos en el mismo bando.
Actuar de extra en una película, sin que el director ni nadie se de cuenta.
Ir a Pisa y NO sacarme una foto empujando la torre, ni sosteniéndola, ni nada.
Asistir a un recital de La Renga y Los Fabulosos Cadillacs
Provocar a un mimo hasta que me putee a gritos, o sencillamente aporrearlo.
Navegar en un velero.
Tocar en una banda musical.
Luchar con un Rottweiller, o alguna bestia que sea un rival abordable (o sea, no pensemos en Leones u Osos, seamos realistas dentro de todo).
Recorrer el continente en moto (sí, a lo Ernesto Guevara)
Ya, ahora tocan las

Cosas posibles:

Subir a un ring con un amigo y boxear unos 3 rounds
Montar un toro mecánico
Disparar un arma de verdad (contra un blanco inerte, por supuesto) ojalá un rifle de francotirador.
Hacerme un tatuaje en la espalda en Isla de Pascua
Conocer isla de Pascua.
Avistar ballenas azules.
Ser maestro en el arte de asar carne.
Dirigir un “Chi Chi Chi Le Le Le” en un partido de la selección.
Aprender a Bailar cueca (en serio, mientras más la veo, más linda me parece, aunque la música me reviente un poco).
Practicar tiro al blanco con un arco
Hacer Kendo

A estas alturas, cualquiera diría que mi vida es bastante aburrida, pero haciendo la revisión inversa (cosas que ya hice antes de morir) no salgo tan mal parado.

Cabalgar a rienda suelta por la playa
Saltar en Bungee
Tirarme en balsa por los rápidos (medio fome, no lo hagan)
Atajar un tiro de un futbolista profesional
Ganar un premio millonario (exactamente de un millón, pero en fin)
Nadar en mar abierto
Dormir en descampado
Jugar fulbo en cancha grande
Pelear con las fuerzas del orden público.

Y eso que anoté sólo las cosas que alcancé a recordar antes de tener que volar a la U. Como se ve, la cosa ha estado “entre verde y seco” como dice la mamá de Leonor.

Saludos,

septiembre 15, 2006 at 12:09 am 10 comentarios

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