INGENIOSA TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ MASCULINA

mayo 18, 2014 at 10:27 pm 2 comentarios

Ahora que ya pasó el peligro (creo) les puedo contar que ayer, en un rapto de estupidez suicida, me eché a la boca medio ají rocoto asado, incluidas las pepas de su negro corazón.

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Primero me vino una ola de calor desde la lengua, el paladar y los labios, tan fuerte y repentina que no podía decidir si escupir o tragar la pulpa asesina. Obviamente, opté por lo más imbécil y me la tragué. La masa bajó abrasando todo el tracto digestivo y cuando llegó al estómago, éste se rebeló a punta de espamos e hipo. Yo lloraba, moqueaba, transpiraba e hipeaba ante la mirada atónita de mi cuñada y levemente decepcionada de mi polola.

“Sal a tomar aire fresco para que se te pase un poco” dijo por fin. Yo obedecí en silencio, no sin antes apurar un trago de vino que fue como rociar con bencina el fuego. Más espamos y dolor.

Obviamente, el episodio dio por concluido el almuerzo (una albacora a la mantequilla que merecería nota aparte) y me tuve que ir a varar a la cama, débil y derrotado, tomando yogurt en sorbitos.

Pero lo interesante del relato no es tanto la acción impulsiva en sí, si no los tres o cuatro segundos de frágil deliberación mental entre que vi el rocoto caliente en la bandeja y me lo eché a la boca:

Neurona hambrienta: “Señor, los ojos reportan la presencia de diversas verduras asadas sobre la mesa, una de ellas de vistoso y desafiante color rojo, señor”.

Neurona sensata: “Sugiero partir por las cebollas y los pimientos, que se ven muy ricos, y quizás probar un pedacito del ají, para tantear terreno”.

Neurona audaz (al mando): “Negativo. Proceder con el ají. Trozar a la mitad y masticar bien las pepas”.

Neurona sensata: “Señor, el ají rocoto es legendario por su picor y tal vez pueda traer problmmffmfmfmf” (dos neuronas del GOPE amordazan a la sensata y luego la apalean en el suelo).

Después vino lo que ya les conté y 24 horas después, tras una dieta de leche, flan y juguitos varios, creo que sobreviví a este tal vez inconciente intento de morir.

Y así nació esta nueva teoría, (que de nueva no tiene nada: incluso existe un premio y un programa para esta raza de personas): Los hombres hacemos estupideces para evitar la sobrepoblación.

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Se sabe que cualquier especie que sature el territorio que ocupa, se condena a sí misma. Con eso en mente, quizás tenemos un gen que detona periódicamente intentos de autoeliminación para ir podando nuestra población. Los más aptos para preservar la especie  o bien salen airosos de estos intentos (por ejemplo, El Tarro) o saben suprimir esa pulsión por la vía racional, tal como intentó la neurona sensata antes de ser cruelmente apaleada.

Yo pensaba que ya había cumplido con este gen, realizando las proezas más estúpidas que pude concebir en mi infancia y adolescencia, pero parece que a medida que envejezco y la agilidad física me abandona, me las arreglo para intentar matarme de formas más creativas, como el envenenamiento.

Antes pensaba que uno hacía estas dudosas proezas para mostrar su masculinidad. Eso mismo descartaba cuando, doblado en dos y llorando como una nena, mi polola me daba palmaditas en la espalda y sorbitos de leche. Así que ahora abrazaré esta nueva teoría de la estupidez propia y ajena que intenta resolver un problema que tan bien resumía un antiguo jefe: “hay gente que vino a puro consumir oxígeno”.

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EL TEDIOSO RITUAL DE COMPRARSE ROPA QUÉ ABURRIDOS SOMOS LOS FELICES.

2 comentarios Add your own

  • 1. Diego Bravo Rayo (@diegobravorayo)  |  mayo 19, 2014 en 3:56 am

    Lo bueno de tus posteos (¿te imaginai que su plural fuese “posts”? Más que cacófono sería mierdófono) es que te aluden directamente. Bueno, tal vez únicamente a nuestro género, cómo en esta ocasión.

    Extrañamente de ti, estuviste bastante disperso y eso, como sabes, me acomoda.

    Yo incluiría al debate de esta suicida tendencia, que en la medida que hagamos más de este tipo de burradas demostramos nuestra vitalidad y, por sobre todo, nuestro espíritu juvenil. Porque claramente comer rocotos como si de frutillas se tratase (somos dos) es propio de púberes en busca de validación.

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  • 2. Alienjandro  |  mayo 19, 2014 en 5:58 pm

    Interesante y aportativo post a la perspectiva darwiniana de la masculinidad. Cierto es que el modelo ya estaba bastante definido antes de entregar tu testimonio, pero éste contiene un mérito, que es el diálogo descalibrado y cuasi-ministerial entre las neuronas.
    Sí me permito hacer una corrección: en vez de neuronas dotadas de sensatez y de arrojo, se trata de circuitos de neuronas o redes neuronales. De ésas sí tenemos.

    Responder

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