EL TEDIOSO RITUAL DE COMPRARSE ROPA

enero 23, 2014 at 4:11 pm 1 comentario

Los hombres de la vieja escuela somos una especie amenazada. Las muchachas de hoy respingan la nariz ante un pecho piloso y una barba rala, y el habitual desdén por la ropa (propio de los hombres de mi generación) ha retrocedido ante la práctica de probarse varios pantalones antes de elegir el correcto.

Los hombres de hoy – me dicen – incluso se miran el culo en el espejo para ver cómo les queda un par de jeans, (o bluyines, como les decíamos antaño). Y los entiendo: si antes, como ahora, las féminas hubieran preferido varones lampiños, de piel suave y ropa en los tonos, quizás también nos habríamos depilado, encremado y enfundado en pantalones pitillo.

Pero afortunadamente no fue así y transité mi adolescencia y juventud con un saludable desinterés por la facha, que mi mamá y hermana se ocupaban de subsanar con compras ocasionales a su pinta, cada vez que un pantalón se rajaba en el traste, o una polera devenía en trapero porque, según mi mamá, ya no resistía más posturas.

Hay que reconocer que esto produjo varios desaciertos (como una polera de la teleserie Marrón Glacé que me regalaron en la playa y que usé en la universidad, entre las puyas de mis compañeros) pero muy en el fondo siempre me jacté, como me jacto ahora, de no dedicarle mucho tiempo a esto de la ropa.

Pero la vida adulta está llena de sinsabores, uno de los cuales es vestirse decentemente para la oficina. Hace unas semanas me compré un pantalón a dos lucas en la feria de las pulgas, y lo he usado con fruición pese a las objeciones de la Doña, que apuntaba acusadoramente mis tobillos desnudos (el pantalón me queda bastante corto).

Al final, vencido por la insistencia y también empujado por un cambio cultural y mental (¿madurez?) me arrimé a una tienda de ropa con boletas y todo. Pero eso de probarme y desprobarme ropa me cansa, aburre y literalmente me da sueño. Así que di con una técnica que ayuda a paliar en algo, la tediosa labor de comprarse ropa.

Se trata de ir con shalas, shores y polera. Así de simple. Ustedes no se imaginan, queridos fisgones, lo cómodo que resulta empelotarse en unos 10 segundos para probarse un pantalón o una camisa y poder vestirse en los mismos 10 segundos. Recuerdo con amargura esos ya lejanos años (me compro ropa cada dos o tres años, aprox) en que iba con zapatos, como un Neanderthal, que tenía que atar y desatar los cordones cada vez que quería entrar en unos pantalones.

Este sencillo pero decisivo acto, me permitió soportar estoicamente una hora entera de compras y volver con tiempo para ver la goleada de Chile sobre Costa Rica, con una cerveza en la mano, como los hombres de antaño.

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EL PERDIDO ARTE DE LOS NOMBRES INGENIOSA TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ MASCULINA

1 comentario Add your own

  • 1. Claudio  |  febrero 23, 2014 en 1:03 am

    Ah! Pensé que esto ya no existía! Pero nada, andaba por el barrio y pasé a ver que tal tu casa. Como andas Malaquías del Puerto? Parece que esto del blog es de otra época (bueno, creo que de hecho es así) y ya casi todos han renunciado y se han visto consumidos por fb. Te dejo un abrazo y espero que todo ande perfecto por tu vida. Salud!

    Claudio

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