CRÓNICAS DE VARA GRUESA

febrero 21, 2010 at 11:57 pm 4 comentarios

¿A quién no le tocó hacer una composición de sus vacaciones cuando volvió al colegio? Bueno, a mí no, pero es algo que pasa en las películas y quizá le pasó a alguno de ustedes. Como se habrán dado cuenta, me tomé algunas semanas de vacaciones (blogísticamente hablando, claro) y me pareció apropiado retornar compartiendo con ustedes las aventuras de este humilde servidor durante sus días en el sur de Chile.


En virtud de mi triste realidad a Honorarios, este año tuve sólo una semana de vacaciones, la mayor parte de la cual disfruté en Vara Gruesa: una hermosa localidad de nombre sugerente, y que es famosa en los alrededores de Linares por sus mujeres, todas sonrientes y con un curioso andar similar al de los patos.

Por razones que no viene al caso explicar, no sólo fui aceptado como uno más de los nativos de Vara Gruesa, sino que además me nombraron su Hijo Ilustre y el alcalde del lugar, Demetrio Vergara, me pidió que al volver al mundo civilizado contara las maravillas de su pueblo. Por ello, después de empaparme de la esencia de Vara Gruesa (por así decir) y disfrutar de las bondades de su cultura, heme aquí cumpliendo mi misión como embajador de tan noble pueblo.

Son los VaraGruesinos gente de gustos sencillos, que disfruta arar la tierra sin arados, retozar con sus doncellas, y organizar carreras de tres pies los fines de semana. También disfrutan organizando excursiones a Culenar y Quitacalzón, cerca de Valdivia, en tanto que evitan lugares como El Convento, Peor es Nada y Tilcoco.

No obstante su vida tranquila, padecen la envidia de los cercanos pueblos de Lo Poquito, La Puntilla y Quipilín, que continuamente hostigan a los VaraGruesinos lanzando estiércol de vaca a las asequias y molestando a sus animales de granja (burros, en su mayoría).

Los viejos del pueblo dicen que esta rencilla tiene ya muchas décadas, de los tiempos en que los fundadores de Vara Gruesa supieron conquistar a las mujeres de Quipilín, La Puntilla y Lo Poquito, que los prefirieron por sobre sus propios hombres. Hasta hoy, los hijos de Lo Poquito y Quipilín han intentado saber qué misteriosa virtud tenemos (sí, tenemos) los de Vara Gruesa, que nos haga célebres entre las damas, sin hasta ahora dar con la respuesta.

La cosa es que, aburridos ya de tanta discordia, los de Vara Gruesa decidieron organizar un cuadrangular de fútbol, con el fin de limar las insanas asperezas. En mi calidad de Hijo Ilustre, me invitaron a jugar al arco, así que pude ver cuando en el primer partido, llegaron unos muchachos de Coihueco y de Reputo (cerca de Cañete) a hacernos barra, lo que fue bastante incómodo.

El partido empezó a ponerse cada vez más rudo y caldeado, en parte porque los de Quipilín meten la pierna fuerte y en parte porque los de Vara Gruesa tienen una fisonomía poco apropiada para los deportes que implican correr mucho. La cosa es que perdimos todos los partidos por goleada, para felicidad de los foráneos y gran tristeza de los locales.

Todos los equipos teníamos que compartir el camarín único de la cancha de Vara Gruesa, por lo que fue bien extraño verlos entrar eufóricos por la victoria y luego salir bañados pero cabizbajos. Finalmente, para dejar de lado las diferencias y odiosidades del pasado, nos fuimos todos juntos a Putagán, donde la verdad no importa mucho de qué pueblo provenga uno, porque lo pasará siempre bien en tanto tenga dinero para gastar.

Un abrazo a todos,

M.

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4 comentarios Add your own

  • 1. Carlitros  |  febrero 23, 2010 en 1:44 pm

    Hola mi estimado
    No me imagino como pudo haber llegado a tan interesante lugar… pero lo importante es que lo paso bien, de hecho lo puse en google y no salia mucho que digamos (venden hartos terrenos por ahi).

    Yo tambien vengo llegando de vacaciones y aunque no lo crea me toco cruzar no una, sino tres veces, el rio QuitaCalzones a pie. Lamentablemente por mas que trate que cumpliera su nombre con mis bellas acompañantes, sus aguas estuvieron tranquilas.

    Una abrazo desde este lado del Mapocho.

    Responder
  • 2. Malaquías  |  febrero 24, 2010 en 4:29 am

    Mi buen Carlitros,

    Iba a decir que yo no encontré Vara Grande, sino que Vara Grande me encontró a mi, pero suena francamente horrible. Mejor digamos que llegué al lugar por una serie de eventos afortunados, pero que mi fugaz paso por ahí fue sólo una escala en un trepidante viaje por la Angosta Faja. ¿Un ejemplo? En un restaurante conocí a Canitrot.

    Ya les contaré eso.

    SALUD!(os)

    Responder
  • 3. Daniela  |  junio 13, 2010 en 5:40 pm

    Que curioso soy Varagruesina, a mucha honra, me hubiera encantado estar por esos dias ahi, creeme que te habria enseñado otros lugares y no solo la sonrisa y el caminar de pato, que pena que fue solo una semana, espero que vuelvas por estar tierras…

    Responder
  • 4. rodrigo  |  abril 18, 2012 en 1:06 am

    pobre y triste …. on. te falta mucho aprender de la vida , y apreciar los lugares de chile tanto por sus paisajes como su gente ; tambien valorar el esfuerzo de las personas por ganarse los porotos dia a dia , disculpame si te molesta mi comentario pero, el tuyo es peor .

    Responder

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