LONDRES 38

diciembre 1, 2006 at 7:50 pm 9 comentarios

Ayer, por razones que no vienen al caso (en realidad vienen mucho al caso, pero es para un post completamente distinto) me encontré a mi mismo paseando por el caótico centro santiaguino a eso de las siete de la tarde. La gente pululaba por todas partes en una vorágine incesante y frenética, que me hizo entender por qué de tanto en tanto, un tipo se deschaveta y, escopeta en mano, se mete a balazos a un mall, o estación de metro o cualquier espacio donde la multitud apretujada esté garantizada y la primera plana de la crónica roja también.

Para evitar el mismo destino, o quizás por andar sin siquiera una pistola de fogueo, opté por huir de ese mar humano y meterme a la primera calle tranquila que divisé. La transformación fue mágica: una avenida silenciosa, estrecha y de antiguos adoquines, con casas de hermosa factura y tímidos balcones cubiertos de verdor. Pequeñas plazoletas en las que algunos pajaritos incluso se atrevían a ensayar un canto.

londres

Descubrir calle Londres me reconcilió con Santiago, me recordó que esta ciudad no siempre fue así, y que la aberrante realidad urbana de hoy no tiene nada que ver con los agradables barrios de antaño. En eso estaba cuando algo más inundó el silencio de mi atardecido paseo. Una veintena de personas reunidas en el frontis de una casona, se agachaban para encender con notable parsimonia incontables velas blancas.

Picado por la curiosidad, y sin nada mejor que hacer por el momento, me acerqué al grupo pa cachar qué onda. Un lienzo firmado por el Colectivo 119, y donde se leía LONDRES 38, CASA DE LA MEMORIA, me dieron algunas luces. Y claro, se trataba de madres, hijos, hermanos y parejas de Detenidos Desaparecidos o bien protagonistas directos de lo que 32 años atrás ocurrió en esa improbable casa de tortura en el centro de Santiago.

Uno por uno, cada heredero de ese horror se paraba frente al resto y relataba su historia. Este era hijo de un carpintero que sacaron de su cama; luego la señora cuya hija era excelente alumna en colegio de monjas, pero fue expulsada por pintar “cosas políticas” en los muros de los más indiferentes. Y así, cada uno fue pasando al frente para verbalizar su propia tragedia.

Y al final habló ella. Tendría unos 50 años, de figura enjuta y pelo risado y entrecano, vestida de amplios faldones que la hacían ver aún más delgada.  Tenía los ojos verdes y zurcados por el tiempo, los labios delgados y algo tristes. Comenzó su discurso así.  “Mi nombre es Tal y tal y en 1974 fui torturada en esta casa y sobreviví, pero mi compañero no”.  Así, sin adornos ni eufemismos, también sin rabia ni mayor tristeza, con un estoicismo que me pareció incluso más emotivo que las intervenciones anteriores, esta mujer contó cómo la habían torturado, cómo truncaron sus sueños veinteañeros y cómo le arrebataron el amor de su vida. “Tú no te fuiste, te llevaron, pero siempre estás conmigo”, le dijo, a modo de despedida, al novio desaparecido.

Después contó que ese mismo día su hijo se licenciaba de cuarto medio, y de cuan orgullosa estaba, especialmente por haberlo educado en el amor, cuando había tantas razones para sentir odio. Me hizo pensar en mis viejos y en todo lo que pasaron hace más de treinta años. Me acordé de mi madre describiendo los allanamientos, metralleta en mano que se hicieron en mi casa, me acordé del tatuaje de mi padre en su antebrazo, con la bandera de la Hoz y el Martillo, me acordé de los viejos que se reunían en el terreno de al lado para hablar de ese holocausto que les tocó vivir, y que se esfuerzan en recordar, no para alimentar el odio, sino simplemente para que no se vuelva a repetir.

Y entendí que con la excusa de todavía no haber nacido, siempre había mirado lo del Golpe como algo casi ajeno, sin notar cuan impregnado está en la memoria de todas las familias. Yo creo que ayer, gracias a esa señora que tanto me recordó a mi madre, por primera vez hice carne del dolor ajeno, y me dediqué a escribir estas líneas desde la guata, no para meditar sobre vencedores ni vencidos, ni para dictar simbólicas sentencias, sino simplemente para abrazar con estas líneas a esa mujer y decirle que gracias a ella, al fin comparto la pena de esa gente que de tanto en tanto aparece en los noticieros, y que ojalá algún día haya justicia para su novio desaparecido.

Nos vemos.

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HORCÓN Y LA BECA VERANO DEL 94 QUIERO PAZ

9 comentarios Add your own

  • 1. Serpico  |  diciembre 2, 2006 en 3:09 pm

    Entré esperando encontrar otro tema hoy.No sé que especificamente,pero no éste.Comenze a leer y automaticamente me puse a imaginar esa y otras situaciones similares que ocurrieron paralelamente en aquel periodo.Desconectarse del tipico punto de vista amplio y comun de ver todo como “los de este lado contra los de este otro” o “los buenos y los malos” por asi decirlo, es bueno para entender lo que pasó y que aun hoy toca a cientos de familias , directa e indirectamente.A gente cercana y lejana, a los que nos topamos en la esquina, en el Paseo Ahumada o quien sabe donde, a los que no conocemos y poseen una historia personal que contar.Una historia con la que despiertan y se van a dormir, una historia que siempre esta ahí, con distintas caras y distintas voces, pero siempre viva gracias a nuestros recuerdos.

    Responder
  • 2. Su  |  diciembre 3, 2006 en 5:30 pm

    Uf que emocion leer esto,la verdad es que primera vez que entro a tu casa y me encuentro con tan emotivo post,imposible no meditar sobre el pasado.
    Y bue… Santiago a de ser eternamente un caos.Pero es una linda cuidad,casi magica con estas calles que te llevan a pensar que estas en otro lugar y en otro tiempo…
    Saludos
    Te leo
    S.

    Responder
  • 3. serpico  |  diciembre 3, 2006 en 7:36 pm

    Bueno, creo que eres tu quien ha heredado a Su…
    Saludos

    Responder
  • 4. Cabra Loca  |  diciembre 4, 2006 en 7:03 pm

    Estuvo medio fomeque el post…
    están mas entretes los comments, parece que te estas haciendo el lindo con Su ah?

    Saludos cordiales

    Responder
  • 5. Malaquías  |  diciembre 5, 2006 en 7:29 pm

    A ver… primero, hace mucho dije que este blog es mío y que si un día me da por escribir algo más densito, tengo todo el derecho a hacerlo, porque hasta Condorito tiene sus días malos y no todo va a ser joda Dios mio.

    Señorita SU, un placer conocerla y venga cuando quiera, que mi casa es SU casa. Y nop, no me hago el lindo… lo soy.

    Don Serpico, como siempre, un placer tener noticias tuyas.

    Nos vemos, compañeros.

    Responder
  • 6. Alex Zappa  |  diciembre 5, 2006 en 7:53 pm

    Parece que La cabra loca no es chiste ni una rubrica….
    buena respuesta a las letras de carton…..
    un abrazo hermanito y echele pues..que hacerle caso a ese tipo de huevonas….es pajearse con una guante de box.
    Creo que si la mala memoria a los pueblos le pasa mala pasada a las nuevas generaciones…por eso chupetines mios…a leer historia y saber interpretarla……..no aprenderla por medio del El mercurio o algun Diputado fascistoide que tiene tribuna en toda la prensa chilena…
    un abrazo….
    el brucha

    Responder
  • 7. Leonor  |  diciembre 5, 2006 en 11:57 pm

    El post es como bien personal, pero bien si para eso uno puede escribir en su blog lo que le venga en ganas. Por otro lado, creo que la historia le toca a cada uno en forme diferente de acuerdo a las experiencias vividas, ponerse ofensivo, me parece innecesario don Alex Zappa.

    Un abrazo Malaquías.

    Leonor

    Responder
  • 8. 25  |  diciembre 6, 2006 en 2:04 pm

    buen vuelco en la historia. comencé leyendo sobre calles-oasis en stgo y terminé leyendo sobre dolor y empatía.
    y compartir la pena….sabes que opino y siento bastante parecido

    un beso M.

    Responder
  • 9. Malaquías  |  diciembre 6, 2006 en 11:30 pm

    Lo que más me llamó la atención es que de un día pa otro este post se puso super contingente… ya saben, por lo del infarto del Voldemort chileno. Ahora trabajo muy cerca del hospital militar, y veo a diario dos pequeños grupos humanos, representantes de uno y otro bando que se gritan inflamadas consignas, separadas por la avenida Vitacura, por donde circula en sus vehículos la mayoría indiferente. Me parece una radiografía excelente de nuestro país.

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