NI RICOS NI FAMOSOS

julio 6, 2006 at 9:17 pm 4 comentarios

La cosa fue mas o menos así: Leonor estaba de visita en Santiago y fue a vitrinear (aarg!) al Mall Panorámico. El vitrineo terminó en la compra de una falda, y con la boleta se inscribió en un clásico concurso de Mall onda “fin de semana romántico en el hotel Blá”.

¿Y qué creen?

Exacto. Ganó.

Una semana después, un auto nos pasaba a buscar a mi modesto hogar para llevarnos al Hyatt, un hotel con forma de jeringa que está en Las Condes, me parece. Ya bajándonos del taxi (que no lucía como taxi, por supuesto) comenzó lo que ahora me parece “la realidad paralela” porque fue una huevá tan descabellada, tan desconocida, que a cada rato me tentaba de la risa por mi absoluta ignorancia en usos y costumbres del ABC1 al cuadrado.

Por ejemplo, cuando nos mostraban la habitación, en el piso 18 y con vista a la cordillera, nos pasaron un “mando general” una especie de control remoto que regulaba la temperatura, la luz de la pieza, y por supuesto el super televisor. Tras un rato de lucha infructuosa, logramos apenas prender la tele, y las luces se quedaron encendidas para siempre jamás, hasta que encontramos los interruptores, sutilmente camuflados en la pared.

Luego del breve recorrido, acompañé al botones a la puerta, produciéndose el siguiente diálogo:

– ¿le gustó la habitación señor?
– si está rebuena.
– me alegro mucho señor
– sí, muchas gracias…



– ¿le gustó la habitación señor?

Claro! la propina, ¿cuánto sería lo apropiado? Después de una cruenta lucha entre mi avaricia y mis conciencia social, le pasé una luca, que luego se convertiría en la propina estándar para todo. Pero volvamos a la pieza.

El cuarto tenía un minibar con un montón de botellitas de lo más simpáticas e inocentes, al rato pillamos un cajón con cositas pa picar y justo al lado con letra diminuta, la MULTA (porque aquello no eran precios) por tomarse o comer cualquiera de esas “atenciones”.

El baño estaba convenientemente separado en un vanitorio, otra habitación para las urgencias de vientre (wc y bidet) y una tina con 3 tipos distintos de ducha. Junto a la ducha un cerro de toallas y dos batas con una etiquetita que sutilmente indicaba “si desea adquirir una de estas batas, comuníquese con recepción al número blablablá). Fue por estos papelitos que Leonor se encargó de reprimir cualquier intento RobinHoodiano de mi parte, por robarle a los ricos para darle al pobre de mi.

El resto de la tarde la aprovechamos para comer algunas cosillas en el buffet de la tarde, luego fuimos al sauna, y de ahí pedimos una sesión de masajes, estilo sueco el mío, con aromaterapia para la doña. Eso fue increible: una señora que me hizo empliluchar y me tapó con una toalla, para luego iniciar un meticuloso masaje desde los talones hasta la cabeza, con especial énfasis en mi trasero, porque la dama me sobajeó la raja como si no hubiera un mañana. Pese al percance (o a lo mejor gracias a él) el masaje fue notable, al menos hasta donde me acuerdo porque con la musiquita y las esencias relajantes, al rato me quedé perpetuamente dormido.

La señora me despertó con un “¿le gustó señor?” Y entendí de inmediato: luca extra para ella y su colega, que manoseó a la Leonor. Después fuimos a cenar al Matsuri, un restaurante japonés que debe ser como el paraíso de los fanáticos del sushi. Ahí con Leonor comenzamos a mostrar la hilacha con comentarios del tipo “esta silla debe ser carísima” o “cacha, un bonsai verdadero de adorno en cada mesa”, luego fuimos por un trago al bar del hotel, (seis lucas el mojito!) y luego a hacer tuto, porque con sauna y masaje estábamos chatos.

El amanecer fue un cliché: el sol trataba de colarse entre las cortinas gruesas como frazadas, y como primer acto del día empecé a hacer zapping una y otra vez para llenarme los ojos de todos esos canales, vedados para mi realidad sin cable. Luego bajamos (corriendo) a desayunar, pa aprovechar al máximo el buffet. Uf… eso merece comentario a parte, miles de jugos, leches, tortas, pasteles, frutas, jamones, quesos, tipos de té, cafés, y un larguísimo etcétera, echaron por la borda cualquier intento de bajar de peso. El personal, amabilísimo, nos ofrecía cosas nuevas a cada rato, y uno que es tentado… la cosa es que el desayuno nos duró como 3 horas, lo justo para ir a dar una vuelta al Mall de al lado (si resultó una vez…) y después a almorzar al Senso, otro de los premiados restaurantes del Hotel, claro que este especializado en comida del norte de Italia, una delicia por tan sólo 18 lucas el plato.

Medio atorados por desayuno y almuerzo subimos finalmente a hacer la maleta, separar lo legalmente robable de lo que no, y subirnos al taxi que nos llevó de vuelta a la realidad, donde cenamos unos sencillos fideos con palta viendo Lost ¿qué mejor forma de volver a la buena realidad del C3?

Nos vemos muchachines.

M.

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WTF? (GUADAFAC?) LLEGAR TARDE Y OLER A RAYOS

4 comentarios Add your own

  • 1. Wallas  |  julio 6, 2006 en 10:58 pm

    Wena, te falto entrar un melón y el guatero galáctico para hacer el arreglado, y tirarte tus acostumbrados flatos (los cuales eliminas al estilo kike morandé peinándote las chasquillas, sin importar quien este a tu lado)durante tu almuerzo en el restaurante del hotel.
    Suerte

    Responder
  • 2. autoexiliada  |  julio 6, 2006 en 11:25 pm

    C3…PATUDEQUE!

    Notable lo del masaje. Eso te lo envidiaré por siempre, pq me imagino q los mejores masajistas deben ser los de este hotelucho. JAJAJAJAJA.

    Y qué te robaste finalmente? me tinca q no te dejaron un jabón lux ultra-mega-enano en el baño. Mínimo un jaboncito líquido Molton Brown.

    Responder
  • 3. Pesaita  |  julio 7, 2006 en 7:31 pm

    El patúo!
    Viste que las vitrineadas con la novia siempre reciben su recompensa? (el tema de que los lindos nunca nos quieren acompañar a vitrinear da para otro post!)

    Es idea mia o este año andai medio cuevuo? Porque será?

    Abachos.

    Responder
  • 4. Malaquías  |  julio 7, 2006 en 8:24 pm

    A ver: Revisando de abajo pa arriba. Sí, me siento afortunado este año, total el que me hayan entrado a robar a la casa y a la semana siguiente ser apaleado por los pacos, fueron al final pelos de la cola en mi diario de vida… en serio, siento que ha sido un buen año.

    En cuanto al recuento de hurtos, al final nos limitamos a un par de cremas, cajitas de fósforos, el diario y un pañito pa limpiar zapatos (!). Sólo lamento no haberme traido una máquina de afeitar desechable marca Hyatt.

    Y en cuanto a lo del melón con vino, estoy casi seguro que en esta época del año, el Hyatt debe ser el único lugar de Stgo que tiene melones pa prepararlo, pero hubiera preferido pedir una buena chupilca o un pichuncho.

    Saludos,

    Responder

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